miércoles, 15 de agosto de 2012

Prostitutivamente


-Si estás decidida a entregarme tu vida debes saber que la ansío porque no poseo una propia, ya que tan solo soy poesía.

-¿Cómo puede ser?

-Mi mirada, mi pasión, mis manos son poesía.

Mis reflejos, mis fantasmas, mis destellos, todo poesía.

-Tus poesías siempre hablan de mujeres y dudo que sea siempre de la misma.

-Mis letras se prostituyen más que yo mismo y si te busco no te encuentro ni siquiera en mi memoria, mis vellos se erizan por tus desvelos.

-Palabrería barata…

-Cada uno de mis poros no es más que la leyenda de un beso tuyo y en los terremotos de mi corazón solo se oye tu nombre, en cada impulso. Ya que estás en mí y conoces todos mis rincones, mis entresijos, ya va siendo hora de que me barras, de que me quites el polvo un poco.

-Tú eres un poeta que ejerce la prostitución a través de su poesía, ¿y yo qué soy? ¿Tu chacha?

-Mi verso favorito.

El coleccionista de sonrisas



-Cuéntanos otra historia abuelo.

-¿Os he contado alguna vez la del coleccionista de sonrisas?

Cuando era joven conocí a un chico, se hacía llamar “el coleccionista de sonrisas”. Me resultó un poco extraño, ¿cómo coleccionar sonrisas?

Toda su obsesión era perpetuar en el tiempo las sonrisas de las mujeres que conocía, sentía una tristeza inigualable cuando una sonrisa se esfumaba, así que decidió recordar aquellas que para él fuesen más importantes. Memorizaba hasta el más mínimo detalle, la curvatura de los labios para él no era sino un tobogán infinito por el que dejarse caer, los dientes una blanca avalancha bajo la que morir sepultado y los ojos…en fin, los ojos…

[Silencio]

-¿Cuántas sonrisas consiguió coleccionar abuelo?

-Doce, cuando le conocí había reunido doce sonrisas, las recordaba todas como si nunca se hubiesen borrado, especialmente la octava. La octava sonrisa se le quedó plasmada en el alma. Pasaba horas y horas dibujándolas en su afán por hacerlas perdurar, pero nunca consiguió reflejar la belleza natural de ninguna y eso le entristecía aun más.

-¿No siguió añadiendo sonrisas a su colección?

-Solo una más.

-¿Por qué solo una?

-La decimotercera sonrisa que sumó a su colección fue la de la muerte. La treceava muerte…

-¿Dónde conociste a ese chico abuelo?

-Una terrible mañana, frente al espejo.

La enésima guerra mundial




-Fue una guerra terrible, el sol doraba los desnudos cuerpos de los caídos del bando de los desenamorados, no habían caído en la muerte, mucho peor, cayeron en el amor, víctimas del ataque de los enamorados. En plena calle daban buena cuenta de su amor mientras esa lluvia de luz los tostaba lentamente.

Enamorados contra desenamorados, esa fue la Enésima Guerra Mundial.

Recuerdo cómo fueron cayendo los desenamorados, uno a uno se doblegaron a las poesías, las canciones, las caricias, besos, abrazos y miradas con los que bombardeaban los enamorados.

Los desenamorados en cambio se dedicaron a destruir el cielo, ese en el que vivían los enamorados. Tan brutales fueron las miles de bombas de realismo con las que atacaron que el firmamento comenzó a resquebrajarse, y acabó por caérseles encima a ellos mismos.

-¿En qué bando luchabas tú abuelo?

-Es difícil de saber, cambié tantas veces de bando… Javier “el traidor” solían llamarme mis compañeros de pelotón, pero…en el amor y en la guerra no hay normas, mucho menos en una guerra de amor.

-¿Y quién ganó la guerra abuelo?

-La guerra aun no ha acabado hijo, aun no ha acabado…

Enamoradizos anónimos



-Hola, mi nombre es Teresa y llevo siete años y tres meses sin enamorarme.

[Aplausos]

-Para comenzar nos gustaría que te presentases dirigiéndote al resto de tus compañeros.

-Hola, mi nombre es Javier y llevo varios segundos sin enamorarme.

[Aplausos]

-Te damos la bienvenida Javier, para continuar, ¿nos podrías explicar por qué caíste en el amor?

- No soy capaz de resistirme a los desiertos de la piel de una mujer, me pierdo entre las junglas de su pelo y me ahogo en los mares de sus ojos, puedo pasarme horas mirando éstos y leyendo en ellos historias interminables. Soy adicto a los jugos del beso, de caricias drogodependiente. Pero lo que realmente me seducen son sus mentes, tan sugerentes, tan ingeniosas… Y cuando quiero darme cuenta ya estoy enamorado, necesito besarlas tanto como necesito respirar, tengo la imperiosa necesidad de amarlas, de hecho creo que estoy enamorándome de varias de ustedes. Tienen unos ojos preciosos…

-No te preocupes Javier, aquí te daremos la ayuda que necesitas para dejarlo.

-En ningún momento he dicho que quiera dejarlo.

Vacío



Siempre que me miro en el espejo siento como dejo un poco de mí en él. Cada vez que se proyecta mi sombra noto que es más clara, como si poco a poco me fuese quedando sin esencia.

Me he vaciado tanto que ya no me queda nada de mí, estoy esparcido por cada rincón del mundo. Si regreso a un lugar donde ya estuve es allí donde me encuentro.

¡Qué manera de salirme a borbotones! De desperdiciarme y perderme por el desagüe. Me he parido tantas veces que soy familia numerosa.

Cualquier otro tiene más de mí que yo mismo.

Me he desvivido tanto que he ido llenándome de muerte y nada. Soy un colgajo de pieles andante, como un globo, ni tan siquiera relleno de aire. Tanto que llego a creer, que soy un abismo.

Sal de mí



-Es tan hipócrita esta felicidad que has generado,

tan somera, tan fugaz, tan limpia.

Es tan impecable, tan inapelable, tan implacable.

Tan dura es que le veo atisbos de diamante.

Cuan vítrea es la esperanza, tan prieta, tan callada.

Tan prudencial este furor.

Tan de cortinas y ocultismos, tan de enterrar lo vivido.

Tan de andar a tientas y de andar tentando tentaciones.

Como si tuviésemos tentáculos.

Tan de tintineos.

Qué felicidad más bien falsificada, lo has vuelto a lograr querido seso, ahora te lo ruego, tómate unas vacaciones, déjame afrontar la realidad tal y como se presenta.

-No digas bobadas, sabes que si no te manipulase ahora estarías muerto. Si no tergiversase tu realidad ahora serías un loco.

-¿De qué me sirve estar cuerdo si te lo debo a ti? Casi preferiría ser un loco que un recuerdo.

-¿Y qué tal si pruebas a ser una amapola?, quizás te guste más la felicidad que engendra la sabia bruta.

-Te juro que a veces me gustaría desgarrarme la carótida y privarte de oxigenación. Quizás así te cuidarías esa pedantería. Hasta las flores son más racionales que tú.

-Eres tú quien peca de esa pedantería que tanto me echas en cara, seguramente seas el primer humano lo suficientemente ingenuo como para enfrentarse a su propio cerebro.

-Seguramente seas el primer cerebro que no contenta a su humano.

El tanteo de tus tentaciones




Tan tedioso, tan séquito,

del aturdido evento imperturbable,

Por inquebrantable inhóspito hueco tratado,

Por desnublar la quinta séptima treintava muerte,

Tras incertidumbrar el tiempo y enturbiar la temperatura

Tan desquiciado.

En la encriptación especulativa del puto engendro desangelado,

Por travestir la tinta del ensueño tosco y trabajado,

Tan triste, tan sin mí, tan tentaculoso,

Del tentador trinófono trío de tripsinas,

Tras traslocar el tuerto tácito, aniquilado puerto,

Ten en ti el tesón de trepar la traza,

Trabeculada sepia, tapia,

De trepanar el tránsito, de revertir el tejo,

De jorobar el júbilo y de joder el témpano,

Al encontrar el intrínseco egoísta del turbio y tosco y torpe y

tentador traspaso.

Del obsceno obcecamiento, obnubilando el borbotear bullicioso

de la botella,

De la inquebrantable quietud que calla cayendo en quimeras quiescentes,

Tundras.

La próxima será la treceava muerte.