miércoles, 15 de agosto de 2012
Enamoradizos anónimos
-Hola, mi nombre es Teresa y llevo siete años y tres meses sin enamorarme.
[Aplausos]
-Para comenzar nos gustaría que te presentases dirigiéndote al resto de tus compañeros.
-Hola, mi nombre es Javier y llevo varios segundos sin enamorarme.
[Aplausos]
-Te damos la bienvenida Javier, para continuar, ¿nos podrías explicar por qué caíste en el amor?
- No soy capaz de resistirme a los desiertos de la piel de una mujer, me pierdo entre las junglas de su pelo y me ahogo en los mares de sus ojos, puedo pasarme horas mirando éstos y leyendo en ellos historias interminables. Soy adicto a los jugos del beso, de caricias drogodependiente. Pero lo que realmente me seducen son sus mentes, tan sugerentes, tan ingeniosas… Y cuando quiero darme cuenta ya estoy enamorado, necesito besarlas tanto como necesito respirar, tengo la imperiosa necesidad de amarlas, de hecho creo que estoy enamorándome de varias de ustedes. Tienen unos ojos preciosos…
-No te preocupes Javier, aquí te daremos la ayuda que necesitas para dejarlo.
-En ningún momento he dicho que quiera dejarlo.
Vacío
Siempre que me miro en el espejo siento como dejo un poco de mí en él. Cada vez que se proyecta mi sombra noto que es más clara, como si poco a poco me fuese quedando sin esencia.
Me he vaciado tanto que ya no me queda nada de mí, estoy esparcido por cada rincón del mundo. Si regreso a un lugar donde ya estuve es allí donde me encuentro.
¡Qué manera de salirme a borbotones! De desperdiciarme y perderme por el desagüe. Me he parido tantas veces que soy familia numerosa.
Cualquier otro tiene más de mí que yo mismo.
Me he desvivido tanto que he ido llenándome de muerte y nada. Soy un colgajo de pieles andante, como un globo, ni tan siquiera relleno de aire. Tanto que llego a creer, que soy un abismo.
Sal de mí
-Es tan hipócrita esta felicidad que has generado,
tan somera, tan fugaz, tan limpia.
Es tan impecable, tan inapelable, tan implacable.
Tan dura es que le veo atisbos de diamante.
Cuan vítrea es la esperanza, tan prieta, tan callada.
Tan prudencial este furor.
Tan de cortinas y ocultismos, tan de enterrar lo vivido.
Tan de andar a tientas y de andar tentando tentaciones.
Como si tuviésemos tentáculos.
Tan de tintineos.
Qué felicidad más bien falsificada, lo has vuelto a lograr querido seso, ahora te lo ruego, tómate unas vacaciones, déjame afrontar la realidad tal y como se presenta.
-No digas bobadas, sabes que si no te manipulase ahora estarías muerto. Si no tergiversase tu realidad ahora serías un loco.
-¿De qué me sirve estar cuerdo si te lo debo a ti? Casi preferiría ser un loco que un recuerdo.
-¿Y qué tal si pruebas a ser una amapola?, quizás te guste más la felicidad que engendra la sabia bruta.
-Te juro que a veces me gustaría desgarrarme la carótida y privarte de oxigenación. Quizás así te cuidarías esa pedantería. Hasta las flores son más racionales que tú.
-Eres tú quien peca de esa pedantería que tanto me echas en cara, seguramente seas el primer humano lo suficientemente ingenuo como para enfrentarse a su propio cerebro.
-Seguramente seas el primer cerebro que no contenta a su humano.
El tanteo de tus tentaciones
Tan tedioso, tan séquito,
del aturdido evento imperturbable,
Por inquebrantable inhóspito hueco tratado,
Por desnublar la quinta séptima treintava muerte,
Tras incertidumbrar el tiempo y enturbiar la temperatura
Tan desquiciado.
En la encriptación especulativa del puto engendro desangelado,
Por travestir la tinta del ensueño tosco y trabajado,
Tan triste, tan sin mí, tan tentaculoso,
Del tentador trinófono trío de tripsinas,
Tras traslocar el tuerto tácito, aniquilado puerto,
Ten en ti el tesón de trepar la traza,
Trabeculada sepia, tapia,
De trepanar el tránsito, de revertir el tejo,
De jorobar el júbilo y de joder el témpano,
Al encontrar el intrínseco egoísta del turbio y tosco y torpe y
tentador traspaso.
Del obsceno obcecamiento, obnubilando el borbotear bullicioso
de la botella,
De la inquebrantable quietud que calla cayendo en quimeras quiescentes,
Tundras.
La próxima será la treceava muerte.
Sí en siete
El sí sigiloso, el sí siguiente, sí siniestro, sibilino sí.
El sí que asiente, siente el sí.
Sí sin silbido, sin asiento ni silla.
Sí insistente, el sí desiste, distinguido sí.
Sí sin historia, sin sima, sin sir.
Sí del sinuoso siglo encasillado.
Sí al SIDA, al Baileys, a que bailéis.
Sí que sigue a la precisión del significado.
Sí en Sidney, en Siria.
Sí del pasillo de tu sien, ensimismado.
Iglesia, Sistema, Eclesiástico sí.
Secesión sirviente del sí insignificante.
Sisea el sí.
Sí sin símil de simiente.
Sí me asilo sin ansia ni siquiera.
El sí en siete, siete síes, sí,
y el no.
Silencios en la arena
Si peregrino entre los valles que dibujan las dunas de tu piel dormida a la sombra de la mía es porque te busco y más que encontrarte me encuentro.
Es porque te ocultas graciosa y ágil en tu versátil ingenio, porque me amas despacio y sin palabras, pero a gritos de tenues caricias enmascaradas, de gestos tranquilos, solemnes y quietos.
Es porque tu piel está acuñada en monedas de un carmesí dorado y frágil.
Porque a través del cristal de tus ojos leo la historia completa del universo.
“Sevilla yo no la abandono por un beso”, pero me vendo fácilmente por cuarto y mitad de tus miradas.
Desierto de plumas en tu piel, suave tintineo de ámbar tras los cristales de tu cara.
El amor mueve el mundo
El universo está constituido por materia caótica, desordenada, por vigillones de vigillones de átomos, todos chocando locamente unos con otros, interaccionando, fusionándose…
Y en ese caos de materia nos encontramos nosotros, unos seres que no llegamos a comprender del todo qué demonios hacemos aquí, de dónde venimos, ni dónde llegaremos.
Y realmente no importa nada de eso…
Sólo es imprescindible el hoy, el ayer es tan incierto como el mañana.
Cada uno de estos átomos se atrae con una fuerza proporcional a su masa. La física es capaz de definir esta ley de gravitación, pero no consigue explicar la atracción entre tu cuerpo y el mío, aunque éstos estén constituidos de átomos.
O puede que la explicación sea que no estamos hechos de átomos, sino de magia…
Entre ese cóctel de materia informe intentamos dar respuesta a preguntas que no la merecen, ya que sólo importan los impulsos…
Como ese impulso nervioso provocado por un estímulo visual producido por tus labios que llega al cerebro e inmediatamente éste te dice: “Necesitas besarla”.
Existen más conexiones entre las neuronas de nuestro cerebro que átomos hay en todo el universo, y todas ellas se dedican a enloquecerme cada vez que veo tus ojos, puede que sea por esto por lo que el amor es la fuerza más poderosa de cuantas gobiernan el universo…
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