miércoles, 15 de agosto de 2012

La treceava muerte



Te esperaba más mortífera, más letal, dañina, con el acre aliento de una pesadilla. Y sin embargo tienes el olor de una noche sin estrellas.

Y te me presentas así, con tu desnudez de gala, luciendo una pureza que no se encuentra ni en los más humildes sueños. ¿Me vas a venir así vestida?

Tan sin complejos, tan con ausencias que podría decirse que me han vaciado de esencia ¿Qué muerto puede compararse a mí? Si estoy muerto ya doce veces y media… Encerrarme en tu pecho fue lo más imprudente que podíamos haber hecho.

A pesar de todo me pareces una muerte bastante mediocre, una muerte vulgar, jubilada. Para ti los botones de mi camisa son los pasos en un camino a ninguna parte, como el objeto final de cualquier trabajo tuyo.

La treceava muerte…tienes tatuado a fuego en los ojos el número de la mala suerte.

Dibujo corazones en tu espalda que se borran con mi aliento. Nada más mirarme supiste que no podrías conmigo.

Aquella noche hicimos el amor durante 100 años, y al despertar, ninguno de los dos había sobrevivido.

“Y yo pasaré a la historia como el hombre que venció a la muerte enamorándola.”

Eternos conflictos internos



-¡Eh! , ¡Tú! ¿Sigues ahí?

-Claro que sí.

-¡Ah! Creía que te habías marchado.

-Adónde voy a ir si estoy encerrado en ti.

-No sé, llevabas mucho tiempo sin dar señales de vida.

-¿Acaso alguien me ha dado motivos para darlas?

-No…La verdad es que no…

-¿Aun no encontraste a la que vuela?

-No…aun no.

-¿Entonces para qué me molestas? Avísame cuando la encuentres.

-Mira, ¿no te vale con esa?

-Hmmm, bonito culo, pero no.

-Me desesperas… ¿Por qué eres tan exigente?

-Porque estoy harto de estar atado a ti, no voy a enamorarme de una mujer terrestre, necesito volar, odio estar siempre a metro y medio del suelo… ¿Recuerdas cuando volábamos? Muy poco era suficiente para elevarnos hasta las nubes, muy por encima de Dios, ¡nos reíamos de sus omnipresencias! Pero no es posible volar solos…

-¿Y si nunca aparece la que vuela?

-Seguiré durmiendo, eternamente…

-Eso es, tú hiberna mientras yo me dedico a buscarte una mujer que vuelva a hacerte latir. ¿Cómo puedes ser así de oportunista? Empiezo a pensar que eres un corazón parásito…

-Yo empiezo a pensar que eres un cerebro un tanto alelado.

-No digas tonterías, tú no tienes capacidad para pensar.

-Es cierto, solo sé latir y sin embargo ya ves, tengo más control sobre esto que tú, ¡aquí quien decide soy yo!

-Tirano…

-Espero que te haya quedado claro que paso de caras bonitas, cuando tengas una avisa al de ahí abajo, no a mí. Despiértame cuando encuentres una mujer etérea o cuando se nos pulvericen los ojos de tanto admirar rosas bellísimas, pero ancladas al suelo. Buenas noches.

Todos tenemos un secreto en la mirada




-¿A qué tienes tanto miedo?

-Supongo que a que me hagan daño, a ilusionarme, a quedarme sola…

-Entonces tienes miedo a todo, prácticamente.

-No…a todo no.

-Sí, a todo, tienes miedo a vivir. ¿Cómo puedes tener miedo a ilusionarte? ¿Entonces qué combustible empleas en tu vida?

-No lo sé, simplemente me gusta vivir el momento.

-Dudo que disfrutes de ningún momento… Maldito Carpe Diem… ¡Cuánto mal ha hecho su malinterpretación! Estás completamente vacía. Miedo a sufrir… ¿Habrá algo más denigrante? ¿Acaso el miedo no es sufrimiento? Pretendes huir del dolor, ¡acepta el dolor! Solo así afirmarás la vida en su sentido más amplio. Con esa impermeabilidad que pretendes no haces más que destruirte. Nadie puede evitar empaparse de amor.

-Según tú. ¿Qué debería hacer para reconstruirme?

-Enamórate.

-¿Enamorarme? ¿De quién, de ti?

-Lo has dicho tú, no yo.

-Jajajaja , no pienso enamorarme de ti.

-Ni lo vas a pensar, te lo vas a encontrar por sorpresa.

-Tengo mi vida completamente planificada, no voy a encontrarme con ninguna sorpresa y por supuesto no voy a enamorarme de ti.

-Eso sería muy triste… Por suerte tú no controlas ni tu vida ni tus sentimientos, de hecho, yo tengo más control sobre ellos que tú misma.

-¿De verdad crees que me voy a enamorar de ti?

-Se te dilatan las pupilas al mirarme, ya lo estás haciendo.

La era de los soñadores



El Sol se está apagando… La Tierra se muere y la Luna se encoge.

El universo se hace viejo y es que hemos dejado de fabricar los sueños que le servían de combustible.

La humanidad está enferma de realidad, hemos llegado a subestimar el infinito poder de la fantasía y ahora el cosmos entero se muere.

Pero existe una última solución: Crear un gobierno de soñadores.

Ellos acabarían con esta pandemia de desencanto y apatía con la que nos hemos condenado a la inexistencia plena, nos hemos afanado tantísimo en hacer nuestra vida verdadera que la hemos vaciado de esencia.

Estos mandatarios serían capaces de devolvernos las sonrisas que nos robaron los gobernantes actuales, como nos robaron los sueños con su rígida política y sus rectas leyes.

Convertirían la lluvia en una avalancha de notas musicales con cada gota, llenarían los ríos de arcoíris, nos permitirían difuminar las nubes y diseñar sus formas a nuestro antojo, cerrarían los manicomios, pues nadie podría considerarse loco en un mundo sin realidad, las únicas guerras que tendrían lugar serían entre el bando de los enamorados y los desenamorados, el afán de conquista del hombre sería por una mujer y no por un territorio, nos desharíamos del dinero, cualquier beso sería más valioso que las divisas más poderosas, en las escuelas enseñarían a leer los ojos y no los libros, las palabras perderían importancia y estas letras dejarían de ser un sueño en un mundo lleno de realidades para ser la realidad de un mundo de sueños.

Aprovecho para presentar mi candidatura a la presidencia. La era de los soñadores no ha hecho más que comenzar.

La gravedad horizontal



Las fuerzas del universo son por lo general incontrolables…

No es posible controlar la explosión de una estrella ni la formación de una galaxia. Nadie es capaz de apagar el instinto asesino de un agujero negro.

Y sin embargo nos empeñamos en estudiarlas.

Entre todas esas fuerzas se encuentra la gravedad. Conocemos la gravedad vertical, los cuerpos caen debido a una fuerza atractiva que ejerce la Tierra sobre ellos, proporcional a su masa e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia a la que se encuentran de ella. Pero nadie se ha molestado nunca en estudiar la gravedad horizontal…

La gravedad horizontal obliga a mi cuerpo a aproximarse al tuyo con una fuerza más destructiva que un sanguinario ejército de agujeros negros, impasible, descomunal, para nada proporcional a la masa de nuestros cuerpos ni a la distancia que nos separa.

¿Por qué nadie se ha preocupado nunca de estudiar este fenómeno?

La gravedad horizontal también hace que los objetos envejezcan…

Y así dejo que la gravedad horizontal haga su trabajo, estrechamente abrazado a tu recuerdo, a tus ausencias, mientras pasa el tiempo, inalterable, invariable, intransigente, testarudo, como diamantes que se niegan a disolverse en un mar de casualidades.

Destrúyeme



No encuentro la razón por la que entraste en mi memoria y decidiste que era un bonito sitio para quedarse a vivir.

No obstante, ya que soy tu huésped, he de ser servicial y atento contigo.

Te concedo absoluta libertad dentro de mí, especialmente si es para destruirme.

Sobre todo si piensas carcomerme lentamente y alimentarte de mí que soy entero tú en mi carne o si piensas acabar conmigo de un bocado.

En cualquier caso quiero que acabes conmigo, que cuando tú te marches no quede nada de mí.

Pulverízame para mezclarme con la arena que pisas.

Demuéleme como terremoto que eres sino latido en mi pecho.

Hazme pedazos, ¡róbame a la muerte!

Consúmeme en tus recuerdos…

Derríteme entre tus manos, quiero entrar en tu boca, salir por tus ojos, secarme en tus mejillas y evaporarme, quiero que me inspires, que me expires, alzarme hasta tus pupilas y frente a ellas quedarme, como gas que contempla los agujeros negros que han de tragárselo para desaparecer, eternamente…

¡Destrúyeme! Más allá de ti nada tiene sentido.

Quedan prohibidos los segundos



-Yo también te quiero, pero puedo quererte sin tenerte.

-Ahora me dirás que soy muy especial, que me las apañaré bien sin ti todo este tiempo…

-No lo haré.

-Dejaste una nota a medias en el teclado de tu piano.

[Silencio]

-¿Cuántos días quedan para vernos?

-Setecientos treinta, se dice rápido.

-¿Cuántos segundos son eso?

-No soy uno de esos genios a los que tantos admiras, no puedo calcularlo de cabeza…Ninguno, dos años no son ningún segundo.

-Solo es una goma del pelo…

- Solo ya es demasiado. Nunca tan poco tiempo me dejó una ausencia tan grande…

-Me debes millones de besos.

-No me quieras…no me quieras, no me quieras, por favor no me quieras…

-Humo entre tus ojos, si Dios fuera una mujer, el amor mueve el mundo, silencios en la arena… He sido tu musa.

-Has sido más que eso. No pude ni siquiera despedirme…

-¿Qué será de nosotros dentro de ningún segundo?

-Me voy erosionando con los días. De mí ya no será nada...