miércoles, 15 de agosto de 2012
Sí en siete
El sí sigiloso, el sí siguiente, sí siniestro, sibilino sí.
El sí que asiente, siente el sí.
Sí sin silbido, sin asiento ni silla.
Sí insistente, el sí desiste, distinguido sí.
Sí sin historia, sin sima, sin sir.
Sí del sinuoso siglo encasillado.
Sí al SIDA, al Baileys, a que bailéis.
Sí que sigue a la precisión del significado.
Sí en Sidney, en Siria.
Sí del pasillo de tu sien, ensimismado.
Iglesia, Sistema, Eclesiástico sí.
Secesión sirviente del sí insignificante.
Sisea el sí.
Sí sin símil de simiente.
Sí me asilo sin ansia ni siquiera.
El sí en siete, siete síes, sí,
y el no.
Silencios en la arena
Si peregrino entre los valles que dibujan las dunas de tu piel dormida a la sombra de la mía es porque te busco y más que encontrarte me encuentro.
Es porque te ocultas graciosa y ágil en tu versátil ingenio, porque me amas despacio y sin palabras, pero a gritos de tenues caricias enmascaradas, de gestos tranquilos, solemnes y quietos.
Es porque tu piel está acuñada en monedas de un carmesí dorado y frágil.
Porque a través del cristal de tus ojos leo la historia completa del universo.
“Sevilla yo no la abandono por un beso”, pero me vendo fácilmente por cuarto y mitad de tus miradas.
Desierto de plumas en tu piel, suave tintineo de ámbar tras los cristales de tu cara.
El amor mueve el mundo
El universo está constituido por materia caótica, desordenada, por vigillones de vigillones de átomos, todos chocando locamente unos con otros, interaccionando, fusionándose…
Y en ese caos de materia nos encontramos nosotros, unos seres que no llegamos a comprender del todo qué demonios hacemos aquí, de dónde venimos, ni dónde llegaremos.
Y realmente no importa nada de eso…
Sólo es imprescindible el hoy, el ayer es tan incierto como el mañana.
Cada uno de estos átomos se atrae con una fuerza proporcional a su masa. La física es capaz de definir esta ley de gravitación, pero no consigue explicar la atracción entre tu cuerpo y el mío, aunque éstos estén constituidos de átomos.
O puede que la explicación sea que no estamos hechos de átomos, sino de magia…
Entre ese cóctel de materia informe intentamos dar respuesta a preguntas que no la merecen, ya que sólo importan los impulsos…
Como ese impulso nervioso provocado por un estímulo visual producido por tus labios que llega al cerebro e inmediatamente éste te dice: “Necesitas besarla”.
Existen más conexiones entre las neuronas de nuestro cerebro que átomos hay en todo el universo, y todas ellas se dedican a enloquecerme cada vez que veo tus ojos, puede que sea por esto por lo que el amor es la fuerza más poderosa de cuantas gobiernan el universo…
Si Dios fuera una mujer
¿Y si Dios fuera una mujer? Decía Mario Benedetti…
Si Dios fuese mujer probablemente tendría tus pies rojizos, tus piernas violetas…
Sus caderas serían rosa como las tuyas, y su vientre dorado al igual que tu vientre, su pecho blanco como tu pecho…
Sus manos azuladas como las tuyas, sus uñas carmesí como tus uñas…
Su cuello naranja en un intento por imitar al tuyo, sus labios de un celeste parecido al de tus labios, su nariz turquesa falsa de tu turquesa nariz.
Podría copiar la lluvia de tu risa, puede que la de tus caricias incluso el Sol de tus abrazos.
Pero eso sí, si Dios fuese mujer, jamás tendría tu transparentemente vítreo iris amarillo ni tu pupila azabache. Ni siquiera Ella podría imitar tus ojos, no puede ser que estos existan más allá de ti misma.
Nunca podría copiar el arcoíris de tu vacío por completo.
Y quien va a parar a mi pasión, ¿Mi razón?
Humo entre tus ojos
Bendito sea estar ciego.
Nuestros besos se encuentran en el humo, bailando a la vida, bailando a las casualidades que nos encuentran tras cada esquina, en cada rincón de esta gloria fugitiva que entre los abrazos se escapa.
Y son amarillos…
Dos destellos fugados, dos caricias calculadas.
Son dos cristales de Murano…
Dos estrellas que sólo acaban en el infinitamente denso agujero negro de tu pupila, de una fuerza tan destructora y atractiva como la gravedad que atrae mi cuerpo al tuyo.
Y es solo humo entre tus ojos…
Destructores del caos
-Escucha como gime nuestra esencia…
Estamos destrozando nuestra propia naturaleza, nuestro caos.
Nuestra idiosincrasia misma llora derruida.
Formamos parte de un mundo caótico y desordenado, nosotros mismos provenimos de ese desorden y ahora pretendemos ordenarlo con nuestras leyes, nuestra lógica y nuestro “sentido común”.
Y nos estamos destruyendo.
Está en nuestra naturaleza el caos, está en nuestra naturaleza amar.
Nuestro amor es caótico, y tratan de ordenárnoslo, no se dan cuenta de que te amo locamente, de que no se puede amar de otra manera.
-¿Y por qué encuentro el refugio del caos en tu mirada?
-Porque estás loca, amor, porque estás loca…
Sonata en tu piel
Todo es cuestión de desvivirse por vivir, por vivir creciendo y superando toda cima, todo obstáculo.
Por desprendernos de la sombra, por arrancarnos la piel muerta.
Por dejar crecer sobre el pasado la hierba, y que esa hierba sea tu futuro más próximo, que volverá a ser tierra y de nuevo hierba hasta que el suelo quede pobre y estéril.
Pero queda mucho para eso.
Es cuestión de dividirnos infinitamente, hasta pulverizarnos.
De derramarnos el alma sobre la mesa.
De saltar de la cama y quitarnos el polvo de encima.
De arrancarnos la piel a tiras.
De engrasarnos las entrañas.
De soñar tu tacto y tu el mío o de acariciarnos los sueños, de buscar tu edén.
Llegó la hora de interpretar esta sonata en tu piel.
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